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viernes, 22 de abril de 2011
EL YOGA DE LA TEOSOFIA
Por: Tran-Thi-Kim-Dieu
Artículo extraido de Revista Sophia (España) N. 261 Feb. 2011
Preliminar
Cada ser humano tiene el deber de realizar su naturaleza divina y tiene el derecho de caminar a su manera hacia lo Divino. El camino mismo no es distinto al yoga, o religión, la reunificación del yo con su Yo superior o lo Divino. La necesidad de practicar un yoga y, antes que eso, la reflexión sobre el tema de la naturaleza y el destino humanos son prueba de la maduración del alma. La sensación de que falta algo a pesar de las ocupaciones y de la satisfacción que éstas proporcionan, junto con algunos momentos de felicidad demuestra que el conocimiento intelectual resulta insuficiente en un momento dado.
Practicar no significa necesariamente seguir una de las numerosas escuelas de yoga. ¿Quién puede pretender hacerlo hoy en día? Y ¿sería prudente hacerlo? La exposición de las seis grandes filosofías (Shad-Darsanas) junto con las explicaciones de los yogas, desde el del principiante hasta el real, no servirán de nada si se quedan en teoría, porque, en palabras de Nagarjuna, una de las mentes más grandes, “toda la intelección sin Auto- realización equivale a nada. En la Edad del Hierro, Kali-yuga, ya no queda tiempo para especulaciones. Es hora de realización”.
Lo que puede ser el yoga
Podemos obtener inspiración en muchas fuentes para usarla como ingrediente de nuestro propio crecimiento espiritual, siempre que reflexionemos sobre ella correctamente y que la apliquemos apropiadamente en nuestra vida, como un experimento. Junto con esa forma de pensar, el yoga puede darse al mismo tiempo o sucesivamente, aunque de manera inevitable, de todas estas formas: habilidad en la acción, aniquilación de las modificaciones de la mente, purificación, estudio comprensivo del yo, auto-rendición a lo Divino, etc. Cada una de ellas es verdadera y valiosa; cada una define una forma de yoga.
La habilidad en acción representa la característica del Karma yoga. La Aniquilación de las modificaciones de la mente es la finalidad del Raja yoga. Este último culmina en Samadhi, un estado en el que la función de la mente no tiene posibilidad de descripción. La purificación, los estudios
comprensivos del yo y la auto rendición a lo Divino son las piedras de toque del yoga. HPB solía decir que el estudio del Ocultismo, a través de la literatura teosófica como la Doctrina Secreta, es Jnanayoga. Indudablemente, este camino es también un largo camino valioso al igual
que los otros.
Bhakti yoga parece ser el más adecuado para los discípulos devocionales. Por más inspiradores que sean los Yoga Sutras de Patanjali, cuyos comentarios por el Dr. I.K. Taimni encantan la mente de todos los estudiantes, los Bhakti Sutras de Narada aportan el elemento de amor-devoción incondicional por parte del aspirante hacia lo Divino, y del discípulo hacia los Grandes Seres que nos enseñan a partir de la Verdad que ellos poseen. Leemos muchas veces que el camino de la devoción es el más corto. Podemos suponer la razón: tal vez porque se parece a un atajo a través del laberinto de la existencia.
Pero para todos los yogas, la condición sine qua non parece ser la pureza de motivación. En efecto, tal como se cuenta en el Bhagavad Gita, cuando el Señor Krishna, en medio de la batalla de Kurukshetra (la
batalla entre el bien y el mal) le descubre a Arjuna la naturaleza secreta de la acción, cuando en una de las más asombrosas estancias afirma que “el Yoga es la habilidad en la acción”, este consejo va exclusivamente dirigido a Arjuna. Sería impensable que Krishna le aconsejara lo mismo, por ejemplo a Karna, el ambicioso (y marginado por la ignorancia de su origen), o a Sakuni, el tramposo en las apuestas. La razón es obvia: Arjuna representa al discípulo que se esfuerza para realizarse y pide instrucciones, mientras que Karna sigue gobernado por la naturaleza inferior, buscando el éxito en la acción para sí mismo, presa de la vanidad y la ira; Sakuni, por su parte, no tiene la motivación adecuada ni la comprensión correcta de la verdadera naturaleza de Maha-Lila, el juego divino; él no apuesta, hace trampas.
De todos modos, imaginemos a Krishna diciéndole a Karna “El yoga es la
habilidad en la acción”, y éste diría que no necesita este consejo, porque ya tiene la habilidad. Pero su habilidad sólo sirve a su ambición. Y lo mismo se aplica a Sakuni; él también tiene habilidad: le gana todas las partidas a Yudishtira, el que será rey. La habilidad de Sakuni sirve a una causa equivocada.
Para los muchos Karnas y Sakunis de este mundo, el yoga tiene primero que referirse a algo que purifique la habilidad y trascienda la motivación. El consejo de Krishna obra por toda la humanidad solamente cuando el receptor ya ha pasado por todas las fases preliminares. Por consiguiente,
el yoga es la habilidad en la acción solamente cuando el trabajo preliminar ya se ha llevado a cabo.
Purificar la motivación parece ser el primer paso del trabajo preliminar. Aprender a pensar con inteligencia es el segundo. Este trabajo es tan esencial que en varias civilizaciones, diferentes maestros espirituales han insistido repetidamente sobre él. Más recientemente conocido para nosotros, Alcyone (J. Krishnamurti) en A los pies del Maestro nos recuerda la necesidad de que todos los actos se hagan de corazón, así como el papel esencial del discernimiento. Considera que actuar de corazón es un estado altruista de la mente, que es también amor-compasión. Pone en el mismo nivel el aprendizaje y la aplicación de la inteligencia y el discernimiento, que es el primero y el último paso del desarrollo espiritual. El discernimiento talla y pule el diamante del alma humana para convertirla en un dios.
Es notable el orden del contenido de este librito, que señala una manera excelente de enseñar. En efecto, la parte que trata de la conducta correcta (shatsampatti), que no es sino un capítulo en el Vivekachudamani, se coloca entre el discernimiento (viveka, el primero y el último paso) y el amor (mumukshutva, la cualificación sine qua non). Esto significa que el principio y el final del viaje quedan expuestos antes de enseñar el comportamiento, es decir, cómo vivir de forma ética, cómo recorrer correctamente el ciclo de la experiencia humana. Después, finalmente viene el aviso de que todas las prácticas morales no tendrían ningún valor sin el amor.
Se podría decir que el yoga es simultáneamente pureza de motivación, inteligencia de pensamiento y habilidad en la acción. Y tal vez sea, además, la armonización consciente de todos los aspectos de un ser humano, de modo que al final todos ellos operen bajo una sola voluntad,
la de lo Divino. Desde una perspectiva más amplia, esto implica un reflejo completo y perfecto de lo Divino sobre los planos inferiores de la manifestación. Pero entonces ¿qué es lo Divino?
martes, 15 de junio de 2010
Janez Drnovsek, el Gandhi occidental, entre la política y la espiritualidad
Janez Drnovsek, el Gandhi occidental, entre la política y la espiritualidad
Entrada copiada sin permiso del blog http://humanismoyconectividad.wordpress.com, que les recomiendo ampliamente, este es el link directo al artículo que aquí copio: http://humanismoyconectividad.wordpress.com/2007/11/24/janez-drnovsek-el-gandhi-occidental-postmoderno/
Espero que su autor me sepa perdonar.
Sábado 24 Noviembre, 2007 ·
Pero eso no significa nada. Hoy, aún siendo Presidente de Eslovia, vive aislado en un monte, es soltero, aunque tiene dos hijos de diferentes madres, se encarga de las tareas del hogar, plancha sus propias camisas y combate el cáncer de riñón con una dieta vegetariana estricta. El señor Drnovšek vive hoy recluído en un bosque, en una casa muy sencilla, sin guardias de seguridad, buscando conectarse con su ser interior, reniega de la sociedad de consumo y se ha transformado en un verdadero defensor de la espiritualidad, casi en un místico. Con todo es un heroe para su pueblo que lo ve como un verdadero Gandhi esloveno. Detalles de su carrera política y su trajectoria puede consultarse aquí.
Mientras estuvo al frente del gobierno siempre se consideró a Drnovšek -un ex comunista- como un economista tecnocrata y más bien gris. Pero todo cambió cuando los médicos le diagnosticaron un cancer incurable. Fue el punto de quiebre en su vida. En 1999, Drnovšek fue operado de un cáncer en el riñón. Los tumores se reprodujeron en otras partes de su cuerpo. Tras diferentes tentativas para curarle, en 2005 decidió abandonar cualquier tipo de tratamiento. Dejó de acudir a la medicina tradicional y se puso en manos de la medicina alternativa china e india, luego se convirtió en vegano, es decir, vegetariano estricto que no consume ningún producto de origen animal.
Desapareció -y sigue haciéndolo durante largas temporadas- hasta que en 2005 volvió a la escena púlica mas como un gurú que como un presidente. Se deshizo de su personal, abandonó su partido y creó el Movimiento por la Justicia y el Desarollo que ya posee miles de adherente. El mismo abrió su formación a toda la gente que quiere cambiar el mundo a mejor y defiende el ecología, los derechos de los animales, de los oprimidos… en medio de una crítica feroz a la clase política.
Pese a que él asegure que todo ese pensamiento estaba latente en su interior, su carrera política no hacía presagiar en modo alguno esta evolución hacia posiciones en ocasiones casi místicas. En 1989, con 39 años, tras una fulgurante trayectoria que le llevó a ser el representante esloveno en la presidencia yugoslava, se convirtió en presidente de la presidencia conjunta federal –equivalente a la jefatura del Estado–, lo que entre otras cosas incluía ser el presidente del movimiento de los No-alineados. Hoy, su presidencia está llegando sin embargo a su fin, ya que no se presenta a la reeleción de este año. No le preocupa su legado y asumen que un cierto nivel de “ridiculo” es el precio que ha tenido que pagar por salirse del cauce convencional de la política. Además de presidente, Drnovšek es uno de los escritores con más éxito de su país gracias a su libro “Meditaciones sobre la vida y la consciencia”, que resultó ser el libro más vendido del 2006.
Hay quienes, escépticos, consideran que se trata de la última estrategia política para reinventarse a sí mismo a los 57 años, buscando una salida «de prestigio»; pero no son pocos los que creen que Drnovšek ha alcanzado alguna clase de nueva paz interior a través del contacto con la naturaleza.
Según comenta en un reportaje realizado por el diario español El Mundo (que en parte estoy transcribiendo), mientras trabaja, piensa, por ejemplo, en Dios y continua: «No sigo una fe establecida. Sí, estoy seguro de que existe una consciencia universal y que todas las religiones tienen su origen en ella. Todas tienen un elemento en común: buscar la mejora del ser humano. Y a través del desarrollo de la propia consciencia individual, es posible acercarse a un contacto con la consciencia universal». Continua diciendo que: «Lo importante es encontrar tu lugar de reflexión. Puede ser un rincón de la casa, puede ser una iglesia… Hay que disponer de media hora al día para poner distancia con los problemas que nos atacan.»
Los temas internacionales son los que parecen preocupar hoy más en el campo político a Drnovšek. Cuestiones como las ecológicas, sobre las que lanza un mensaje claro: «Estamos a 10 ó 15 años de un punto de no retorno. Hay que terminar con el actual modelo de desarrollo, que sólo satisface a las grandes corporaciones. Sería de desear que los Estados Unidos asumieran su responsabilidad y fueran capaces de liderar el esfuerzo mundial en este campo». En los últimos meses, se ha mostrado también especialmente activo en la lucha contra el racismo. En el tema de la inmigración, Drnovšek es crítico con la posición de la UE: «Una sociedad tiene un límite de gente a la que puede admitir, pienso que entre un 10 y un 20%. Es difícil absorber a más gente llegada de fuera, aunque la miseria hace que quieran venir más y más… Obviamente, la única solución es el desarrollo en esa parte del mundo. Pero la Unión Europea tiene políticas, como el proteccionismo agrario, por el que cada vaca es subvencionada con dos dólares al día…, ¡más dinero del que la mayoría de la población en África dispone para vivir! Además, hace 30 años que la ONU recomendó dedicar el 0,7% del PIB a la ayuda internacional, y la UE apenas llega al 0,3%…
Pese a su aviso sobre dificultades en el horizonte, el mensaje de fondo de Drnovšek no es negativo. Cree que la iniciativa aún está en manos de los ciudadanos: «Cada uno debe actuar como esté en su mano hacerlo. Yo escribo libros, con el objetivo de despertar al ser humano consciente. Y tal vez consigamos una masa crítica de hombres conscientes que puedan influir en la política y la economía».
Ojala ejemplos como el que representa Janez Drnovšek comiencen aparecer cada vez más en la arena de la política global. El mundo necesita de gente conciente del potencial de crecimiento interior que tenemos los seres humanos y, es necesario que la voz de estos seres pueda propagarse a todos los rincones de la sociedad, especialmente en la llamada clase dirigente. Si personas como Sr. Drnovšek llegan a alcanzar posiciones de poder, el potencial de influencia se multiplica, de allí lo trascendente que resulta su ejemplo.
domingo, 13 de junio de 2010
VIDA ESPIRITUAL PARA EL HOMBRE DEL MUNDO
Annie Besant
Continuamente oye uno a gente pensante y seria quejarse de las circunstancias de su vida. “Si mis circunstancias fueran otras, cuánto más podría yo hacer; si no tuviera tantos asuntos que atender, si no estuviera tan amarrado por preocupaciones y ansiedad, tan ocupado en mi trabajo, entonces podría vivir una vida más espiritual.” Esa es una de las quejas más fatales, y es falsa. Ninguna circunstancia puede jamás estorbar el desenvolvimiento de la vida espiritual. La espiritualidad no depende del ambiente, sino de la actitud del hombre hacia la vida.
Si un hombre no comprende la relación entre lo material y lo espiritual; si separa lo uno de lo otro como incompatibles, como rivales, como antagónicos, como enemigos, entonces la presión de las ocupaciones seculares, los fuertes impactos del ambiente material, las tentaciones físicas, y el mantener el cerebro ocupado en estas cuestiones, hará aparecer como irreal la vida del Espíritu. Ese es un error fundamental. Es la tendencia moderna a separar lo que se llama sagrado de lo que se llama profano. La gente dice que el domingo es el Día del Señor, como si todos los días no fueran igualmente Suyos. Eso es como decir que seis partes de la vida no son espirituales y una sola ha de dedicarse al Espíritu. Son frases que dan una falsa idea. Lo correcto es decir que el Espíritu es la vida y el mundo es la forma, y que la forma debe ser una perfecta expresión de la vida.
El mundo es la expresión de la Mente Divina. Todas las actividades son formas de la actividad Divina. Las ruedas del mundo giran por la voluntad Divina. Los hombres son solamente las manos de Dios que tocan la rueda. El mercader contando su dinero, el tendero atendiendo en su mostrador, el médico en hospital, todos estos pueden estar tan ocupados en una actividad Divina como cualquier predicador en una iglesia. Mientras no podamos ver la Vida Divina por doquiera como raíz de todas las cosas, somos nosotros los que tendremos una lamentable actitud profana, ciegos a la visión beatífica que consiste en ver la Vida Única en todas las cosas y todas las cosas como expresiones de esa Vida. Si es cierto que Dios está en todas partes y en todas las cosas, entonces Él está tan en la plaza de mercado como en el desierto, tan en los bancos mercantiles como en la selva, tan en las calles congestionadas de una ciudad como en la cumbre de una montaña. Si no oímos la voz de Dios en todas partes es porque somos sordos, y no porque esa voz Divina no hable. Es una debilidad nuestra, y si nuestros oídos fueran más agudos, si fuéramos más espirituales, podríamos escuchar la Voz Divina tan fácilmente en una ruidosa urbe como en el más bello escenario natural. Eso es lo primero que debemos entender: que no vemos porque nuestros ojos están ciegos.
Pero pasemos ahora a considerar las condiciones para que el hombre del mundo pueda vivir la vida espiritual. Pues hay condiciones. Se han preguntado ustedes alguna vez por qué abundan a su alrededor cosas que quisieran poseer? Si esas cosas no estuvieran hechas para atraernos, no estarían allí. Si fueran estorbos, ¿por qué se las habría colocado en nuestro camino? Todos esos juguetes atractivos tienen por objeto inducirnos a hacer esfuerzos. Y así crecemos. El resultado lo vemos en nosotros mismos: algún poder se ha despertado, alguna facultad se ha desarrollado, alguna capacidad oculta se ha convertido en una facultad activa. Y así vamos pasando de una etapa de evolución a la siguiente. Crecemos, no por los frutos que obtenemos, sino por los esfuerzos que hacemos para lograrlos.
Ahora bien, cuando los objetos pierden su atractivo, la primera tendencia del hombre es a dejar de esforzarse. Pero eso podría llevarlo al estancamiento. Cuando los objetos del mundo están haciéndose menos atractivos, es el momento de buscar algún nuevo motivo. Y el motivo para la acción en la vida espiritual es cumplirla porque es un deber, y no por la recompensa personal que pueda traer. Veamos un ejemplo explicativo. Tomemos un hombre del mundo que está haciendo una enorme fortuna, que ha puesto como objeto único de su vida el dinero, la riqueza. Observémoslo. Todo lo subordina a ese único propósito. Domina su cuerpo porque si deja dominar por él derrochará cada semana el dinero que ha logrado reunir, en lujos y placeres. Y por eso lo primero que trata de hacer es dominar su cuerpo, enseñarlo a soportar rigores, a ser frugal; prescindirá de dormir si con viajar toda la noche logra asegurar un contrato; se privará de descansar si con asistir a una fiesta nocturna se entrevista con alguien que puede con su influencia ayudarle a ganar más dinero. En fin, manda y manda sobre su cuerpo hasta convertirlo en un esclavo obediente de la voluntad de su cerebro codicioso. Esa es la primera lección que aprende: dominar el cuerpo.
Luego aprende a concentrar la mente. Si no está concentrada, sus rivales lo derrotarán en los negocios. Si su mente divaga de aquí para allá, indecisa, ensayando cada día un nuevo plan, sin perseverancia, ese hombre fracasará. La meta que desea alcanzar lo enseña a concentrar su mente, a mantenerla en un solo punto todo el tiempo que sea necesario. Si persevera en este esfuerzo mental, su mente se fortalece y se agudiza más y más y queda bajo su control. Ya ha aprendido no sólo a controlar su cuerpo, sino a controlar su mente. ¿Ha ganado algo más? Sí, una voluntad fuerte.
Ahora este hombre, con su cuerpo controlado, con su mente bien dominada, con su poderosa voluntad, consigue sus objetivos y atesora su dinero. Y después? Después descubre que al cabo de todo no puede lograr que ese oro le asegure la felicidad para sí mismo; que no tiene sino un solo cuerpo que vestir y una sola boca que alimentar; que no puede satisfacer todas sus crecientes necesidades con todas las riquezas que obtiene, y que, después de todo, su poder para obtener felicidad es muy limitado. Su oro se convierte en una carga más que en un gozo; el primer deleite de alcanzar su objetivo empalidece, y él queda saciado hasta que en muchos casos no puede hacer nada más que amontonar pilas y pilas de monedas inútiles. Se le convierte esto en una pesadilla más bien que un deleite; el oro aplasta al hombre que lo ganó.
Ahora bien, ¿qué hará de ese hombre un hombre más espiritual? Un cambio de objetivo, eso es todo. Que ese hombre despierte en esta o en alguna otra vida a la comprensión de que el oro que ha acumulado no vale nada; que vea la belleza del servicio a los demás; que logre un atisbo del esplendor del orden Divino; que se dé cuenta de que todo el valor de la vida está en darla como parte de aquella vida mayor que mantiene los mundos, y entonces el poder que él ha conquistado sobre su cuerpo, sobre su mente, sobre su voluntad, hará de ese hombre un gigante en el mundo espiritual. No necesita prescindir de esas cualidades, sino prescindir del egoísmo, de la indiferencia al dolor humano, de la dureza con que aplastaba a su semejante cuando acumulaba tesoros haciendo padecer hambre a muchos. Debe cambiar su ideal, del egoísmo al servicio; del deseo de aplastar al de elevar. Así el coloso mercantil se convertirá en un hombre espiritual. Su vida estará consagrada a la humanidad, y no reconocerá otro deber que el de servir y ayudar. De la diferencia de objetivo y de motivo, y no de la diferencia en lo externo, depende si un hombre es del mundo, mundanal, o del Espíritu, espiritual.
Acabo de usar la palabra deber, porque ese es el primer paso. Cualquier persona, sea cual sea su trabajo en el mundo, comienza a hacerlo no porque le da para el sustento (aunque no hay ada de qué avergonzarse de que así sea), comienza gradualmente a hacerlo más y más porque es un deber y no porque quiere lograr algo para sí mismo. Esa persona está dando el primer paso hacia la vida espiritual. Está cambiando su motivación; todas sus actividades cotidianas tendrán un nuevo objetivo. Hay que cumplir el deber. Hay que mantener girando las ruedas del mundo. La gente tiene que ser alimentada; los enfermos deben ser curados; los ignorantes deben ser enseñados; la justicia debe cumplirse. Viéndolo de este modo, el comerciante, el médico, el abogado, el instructor, todos podrán tener una nueva visión de la vida. Y podrán decir: “Esta actividad en que me ocupo es parte del funcionamiento del mundo que es Divino. Estoy aquí para hacerla, y mi deber está en cumplirla perfectamente. Enseñaré, o curaré, o argüiré, o comerciaré, o lo que sea, no por el solo dinero que produce o el poder que otorga, sino con el fin de que el gran trabajo del mundo pueda ser ejecutado dignamente. Haré mi trabajo como servidor de una Voluntad más grande que la mía, en vez de hacerlo para mi propia ganancia o provecho personal.”
Ese es el primer paso, y no hay ninguno de nosotros que no pueda darlo. Podemos seguir trabajando como antes, pero poniendo un nuevo espíritu en nuestro trabajo. Lo hacemos como un sirviente que hace una tarea para su amo porque es su deber y porque su lealtad a él le hace hacerlo bien. Esa es la vida espiritual, en la que todo se hace por deber, para la humanidad y no para el yo personal. No es lo que uno hace, sino cómo lo hace.
Ahora bien, eso parece cosa de poca monta si uno piensa en su propio hogar, tienda, oficina. Visto caso por caso parece tan pequeño. Pero supongamos que todos lo hiciéramos así, ¿cómo aparecería entonces la faz del mundo? No habría trabajos chapuceros, mercancías malas en las estanterías, productos alterados, nada que no fuera lo que pretende ser. Toda casa estaría construída perfectamente; todo desagüe perfectamente colocado; toda cosa estaría hecha tan bien como la habilidad y fuerza del hombre puede hacerla. Un mundo así parece como un cuento de hadas, una utopía imposible. Pero ese sería el resultado si cada hombre individual cumpliera su deber tan perfectamente como sus poderes se lo permitieran. Y ese primer paso hacia la vida espiritual no está fuera de nuestro alcance sino que está junto a cada uno de nosotros.
Pero eso no es todo; hay una etapa más alta que esa en la vida espiritual. Hay algo aún más grande que el deber, y es cuando todo se hace como un acto sagrado. ¿Qué significa eso? No existiría el mundo, ni ninguno de nosotros, si no hubiera habido un sacrificio primero por el cual un fragmento del Pensamiento Divino se arropó en materia, se limitó a fin de que nosotros pudiéramos llegar a ser conscientemente Divinos. Ese es el gran sacrificio desde el principio del mundo. Sin Sacrificio Divino no hay Universo. Es el sacrificio de amor que se limita a sí mismo para que otros puedan adquirir conciencia propia y regocijarse en la perfección de su Divinidad primaria. Y cuando toda acción se hace como un sacrificio, entonces el hombre se convierte en un ser perfecto, espiritual.
Ahora bien, eso es difícil. La primera etapa no lo es tanto. Podemos desprendernos de las cosas; podemos volver útiles nuestras vidas; pero cuán difícil es hacer realmente nuestra tarea como parte de la actividad Divina, libre de todo toque personal. Pongamos un ejemplo para tratar de explicar lo que quiero decir. Supongamos un ejército que está alistándose para atacar a un enemigo más fuerte. El comandante en jefe planea su batalla, coloca un regimiento en un lugar y otro en otro, hace un gran plan que incluye el total, y amanece el día de la batalla. El general despacha al galope a un mensajero con una orden para algún capitán joven: “Ataque ese fuerte que está a su frente, captúrelo y reténgalo hasta que le llegue orden de abandonarlo.” Y el joven capitán con su pequeña compañía mira el fuerte y ve que no puede capturarlo, que el fracaso es inevitable, que significa mutilación y muerte para sus hombres, y que si ejecuta la orden recibida ni un solo hombre de su pequeña compañía verá el sol del día siguiente pues todos serán exterminados mientras ascienden la cuesta hacia el inexpugnable fuerte. Ve todo esto; vacila? Si renuncia es un traidor. Llama a sus hombres y les dice: “Tengo orden de tomar este fuerte.” Atacan. Son diezmados. Vuelven a atacar y otra vez muchos de ellos caen. Insisten una y otra vez, hasta que no queda ni un solo hombre para tratar de cumplir la orden. Mientras tanto, al otro lado del campo el plan del general ha progresado; mientras la atención del enemigo ha estado ocupada por este puñado de hombres que valientemente encaran la muerte, el plan de sus camaradas se ha cumplido al otro lado, y cuando el sol se pone la victoria pertenece a este ejército. ¿Han fracasado estos hombres cuyos cadáveres yacen regados por la cuesta? ¿Qué dirá la historia?
No hay fracaso ni derrota cuando el comandante en jefe es el Divino Arquitecto del Universo. El triunfo es inevitable. Y ¿no deberá sentirse orgulloso todo el que sea llamado a sacrificarse para que el plan pueda ser cumplido? No habrá fracaso pues la victoria está siempre del lado Divino. Qué importa que parezcamos estar fracasando. La vida que hemos dedicado devotamente a nuestros planes y la fuerza con que hemos luchado por cumplirlos, nos ha colocado dentro de las filas de los trabajadores de la Deidad. Ninguna gloria es mayor que esa. Eso es sólo para los fuertes, concedido. Pero el solo hecho de ver la belleza que hay en ello es introducir algo de esa belleza en nuestras vidas. Pues ver la nobleza de una cosa es empezar a encarnar esa nobleza en nuestra vida, y el mero reconocimiento del esplendor de un ideal es el primer paso para transformarse uno a su imagen y semejanza.
Ahora bien, supongamos que nosotros podemos modelar nuestras vidas de acuerdo con estos lineamientos tan inadecuadamente bosquejados. Entonces nos habremos tornado en hombres espirituales que viven en el mundo, que transforman lentamente el mundo conforme al ideal Divino. Esta es la idea central que transformará al hombre del mundo en el hombre espiritual, y que donde mejor puede llevarse a cabo es en el mundo mismo. A los ojos de los que conocen las muchas vidas de los hombres, la vida del ermitaño no es la última vida de un salvador de su raza; quizá es una vida así pueda reunir fuerzas para uso posterior; pero la vida de los Cristos es la vida en el mundo y no la del ermitaño. El Dios manifestado deambula por entre las moradas de los hombres. Pues solamente allí está la gran tarea que hay que cumplir, las pruebas que hay que encarar, los poderes que hay que desarrollar. Los que quieren alcanzar esa estatura deben crecer por la ley del crecimiento, que es la ley de la experiencia.
Me parece pues que no hay uno solo de nosotros que no pueda empezar a llevar la vida espiritual, con lo cual el mundo mejorará para todos y el individuo se desarrollará más rápidamente con este esfuerzo. Lo ideal está antes que lo manifiesto. El pensamiento crea la forma. Y en cada uno de nosotros duerme la imagen Divina, y nuestra tarea es que esa imagen se manifieste. Entonces seremos hombres espirituales. Vayamos al estudio de algún gran escultor, no un simple marmolero, sino uno de aquellos genios que le dan vida al mármol. ¿Creen ustedes que él está esculpiendo una estatua con el mármol? No, él está liberando una estatua que está dentro del mármol. Quita lo que sobra, lo que oculta a los ojos del hombre la belleza del ideal que él está viendo. En el bloque que es todo lo que nosotros podemos ver con nuestros pobres ojos, el ve la estatua perfecta aprisionada dentro del mármol, y con cada golpe de su mallete va liberándola, va acercando su ideal a la manifestación.
Lo mismo sucede con nosotros todos: somos toscos bloques de mármol en el estudio del mundo, y la Divinidad está oculta dentro de nosotros como lo está la estatua dentro del bloque. Y nosotros somos los escultores que con nuestra vida hemos de manifestar esa estatua, hemos de poner en libertad la belleza aprisionada, y con el mallete de la voluntad y el cincel del pensamiento debemos cortar todo lo que sobra, todo lo inútil que oculta a la Divinidad viviente dentro de nosotros.
De suerte que doquiera estemos, en cualquier taller de este mundo en que nos encontremos trabajando, mantengamos en nuestro corazón el ideal que anhelamos realizar. Sintamos la presencia de la Divinidad aprisionada que será nuestro privilegio libertar nosotros mismos con nuestras propias manos y nuestros esfuerzos. Entonces seremos conscientes de lo que realmente somos: hombres a imagen de Dios.
Extractado y traducido del “American Theosophist”
de Feb. 1982 por Walter Ballesteros.
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